El año pasado por segunda vez he fallado el Inktober. En medio de problemas familiares, burnout profesional y saturación de trabajo y actividades, tuve que detener el proceso a la mitad.
Pero ahora que ha pasado toda la tormenta y me encuentro un poco más tranquilo, recuerdo que lo disfruté demasiado. Incluso estuve omitiendo prioridades para darme tiempo de dibujar al menos por una hora a la semana. Fue muy gratificante.
A mi hijo le gustó mucho este dibujoY entonces me puse a pensar, ¿por qué dibujaba antes? Qué lo hacía tan interesante que ahora nada más no encuentro la misma motivación, y hasta a veces siento que ya no hay creatividad en mi para hacerlo. Entonces me encuentro con joyas de trabajos y tutoriales y referencias, que me vuelven a levantar la motivación.